La puerta
foto: carlos gallardoLa puerta, ahí esta finalmente la puerta del aeropuerto.
Bajo del taxi, y sobre corriendo cruzo el enorme hall en dirección al counter de la línea aérea de turno.
La fila es inmensa, gente de todas las formas imaginables, con toda clase de artefactos en las manos.
Avanzamos a duras penas entre los desconocidos, detrás de un desconocido, delante de otro.
Nerviosamente reviso mi pasaporte, y la visa.
Estoy arrastrando las maletas por el piso brillante e impersonal del recinto publico.
Puedo sentir como la camisa se pega a mi piel por la humedad de la transpiración. El verano esta causando estragos, y eso unido a mi gran agitación hace de este momento algo que no quisiera repetir en el futuro.
Todo esta ralentado por la espera, los movimientos y las acciones son normales en apariencia, pero da la impresión de que se multiplican hasta la exasperación. Arrastro mi maleta, junto a los recuerdos que quisiera borrar de mi cabeza para siempre. El hombro izquierdo me duele por el peso de la mochila. Decido cambiarla de lado para aliviarme en algo la espera. Claro que se que en un rato mas deberé cambiar nuevamente de lado la mochila para que descanse el hombro que ahora tiene el peso.
Miro en todas direcciones como si estuviera inquieto, pero en verdad hay algo de repetido en estas acciones, porque las reconozco como antiguas formas de distracción, que rara vez cumplen su función.
He dejado de sudar afortunadamente, solo mi corazón pareciera latir por un momento, cierro los ojos.
La pantalla solo muestra información que no me interesa, mas allá la chica se despide de alguien querido, que da media vuelta y se aleja. Ella pareciera que llora, si esta llorando, esta algo confundida, pero muestra sus lagrimas con cierto aire de grandeza épica, como si fuera la heroína en esa despedida donde se cortara un hilo invisible.
Cierro el teléfono sin contestar.
Casi es mi turno, he cambiado nuevamente la mochila de hombro.
Los auxiliares limpian el liquido que derramo la pequeña al lado de su madre.
Si, mi pasaporte…. Pasillo por favor, lo mas adelante que le quede…. Gracias—
Me muevo como en automático, me dirijo a la policía internacional.
Sala de espera, espera…..
Por la manga de abordaje es como si me empujaran, esta inclinada y mas allá hay un quiebre, un viraje a la izquierda, y si, la puerta del avión, viajo, viajo desde un exterior a otro lejano; pero también viajo desde mi propio interior a un interior nuevo mas adelante en el tiempo.
Al salir, el tramite obligado, la espera, recupero la maleta, la aduana, y finalmente allí esta, el taxi que me lleva nuevamente a casa.
En el interior del automóvil, se conserva la noción de extranjería que se adhiere a la piel de los viajeros. El aire acondicionado, el ruido de la ciudad sofocado por los cristales del auto, y el exterior como un film de aventura mil veces visto.
Es la ciudad de siempre, es mi bario, y en la puerta, nadie, solo yo entrando a casa.
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