Una historia (des)de la física

La lección de anatomía | Rembrandt
El tiempo avanza solo en una dirección, al menos eso dicen las leyes de la física.
De no ser así, si el tiempo pudiera retroceder, entonces veríamos copas rotas saltando sobre las mesas recomponiéndose ( Stephen Hawking - Físico teórico en La historia del tiempo) , o podríamos recordar el futuro, pudiendo saber con anticipación los números premiados de la lotería o las acciones de la bolsa que van a tener un buen precio en breve tiempo. Pero clara eso no es posible en el universo en que vivimos, de manera que si queremos tener algún tipo de control sobre el tiempo, tendremos obligadamente que recurrir a los mundos imaginarios, a la ciencia ficción.
En uno de estos mundos sucede esta breve historia.
En la casa de Alberto Cienfuegos, un cirujano de renombre se esta celebrando un gran evento.
Poco a poco, los familiares mas cercanos y algunos amigos, vestidos con sus mejores galas van llegando del cementerio local.
En la casa todo es un alboroto, los empleados corren preparando viandas, sirviendo licores, y recibiendo a los numerosos amigos que se enteraron de la noticia por que leerán en el diario del día siguiente.
En su oficina del centro, Ilia Ivelic, un hombre de piel cerosa, nariz aguileña, y mas de un metro noventa de estatura, se ve preocupado, afanosamente busca entre sus papeles un deposito del ReversoBank en que aparece la no despreciable cifra de 12 millones de pesos, cantidad pagada al portador del cheque que el recibió hace dos días, y que cobro hace tan solo un par de horas, por el trabajo que tan bien realiza desde hace tanto tiempo. Presuroso saca desde una caja fuerte varios fajos de billetes, los pone en un portafolios negro de cuero lustroso y se dirige al banco para depositar el dinero que le diera su cliente mas reciente, la señora de Cienfuegos.
Desde la casa de Alberto Cienfuegos ya todos han salido a la iglesia y con seguridad de ahí algunos familiares, los mas cercanos harán guardia en la clínica hasta el amanecer, que fue la hora en que Alberto entro de urgencia a la clínica.
Con dos balazos en el pecho, Alberto no sufrió gran cosa, apenas si tubo tiempo de ver que alguien muy alto y delgado se asomaba por esa esquina y disparaba los dos certeros balazos que terminaron abatiéndolo.
A las 10:30 de la mañana de ese día nublado, Alberto regresa a casa. Su esposa no se encuentra, los empleados le dicen que ha salido a ver a un tal Sr. Ivelic, un experto en asuntos familiares.
Alberto a desmuerto y a partir de este minuto sabe que solo le queda disfrutar de los 55 excelentes años que tiene por delante hasta el día de su alumbramiento.
Etiquetas: física y narración









