Monstruos

Una de las primeras fotografías de Norma Jeane Mortensen,
Norma Jeane Baker, o mejor conocida como Marilyn Monroe
En la gordura se da el caso de personas que han engordado tanto, que es absolutamente imposible ocultarla, ni siquiera disimularla.
El grado de gordura extrema es tan feroz, que transforma las coordenadas con que el individuo se relaciona con el mundo.
El peso extremo, a la manera de la masa en la ley de gravedad, distorsiona el campo social alrededor, provocando una caída inevitable en la gordura del sujeto.
Las emociones que se generan cerca del mórbido, son extremas. Se lo alimenta en la medida de su apetito, o se lo tortura con dietas de carencia.
Por lo general, los mórbidos desarrollan técnicas de manipulación tendientes a autosatisfacer las necesidades que el monstruo demanda.
En el lugar opuesto están los flacos delirantes, anoréxicos. Delgados al extremo de la muerte.
Los anoréxicos actúan a la inversa de los gordos, estos cultivan el encubrimiento, usan la misdirection al igual que los magos, para distraer de lo importante que es en este caso la perdida de la salud por la perdida del peso saludable.
La deformación del anoréxico es asignarle a la grasa, el equivalente del mal, de todos los males, y de la fealdad.
Y en esto difiere del obeso, pues esta en el opuesto de la gordura incontrolable, ya que el, esta conscientemente detrás de una belleza distorsionada que ha puesto a la delgadez en el sitial de lo bello.
Curiosa paradoja la de estos monstruos, el obeso lo es por no poder ser bello por el exceso, y el anoréxico por la carencia, al correr detrás de la belleza distorsionada en un dobles de la percepción.
Bien, pero hasta aquí no he dicho nada nuevo, salvo tocar tangencialmente un punto que me importa y que ambos han perdido por razones diametralmente opuesta: La belleza.
Pero claro, ya he hablado de la belleza en este blog en varias oportunidades, con una sola y gran diferencia: ahora quisiera hablar de lo que tienen en común estas condiciones de monstruosidad extremas con la belleza.
Existe una forma de belleza tal, que es imposible de eludir, y frente a la cual nos encontramos inermes.
Esta clase de belleza distorsiona el espacio en el cual se encuentra, todo se trastoca, y no podemos evitar sucumbir. Las mujeres envidian y compiten fútilmente, los hombres se pavonean y juegan al tonto solo por mostrarse aptos y complacientes.
Es el horror y la perdida del autocontrol.
En su libro “El Perfume”, Patrick Süskind, describe con maestría los efectos de la belleza, representada por la esencia combinada de 13 vírgenes en la flor de su edad. Cuando las jóvenes comienzan a mostrarse como capullos, que al estar completamente abiertos, son capaces de entregar el mas embriagador de los perfumes. Ese aroma que asegura la subsistencia de la especie.
Esta es una cualidad, que a diferencia de lo que plantea el libro, no se pierde con la virginidad, ni depende de falsas purezas, sino que depende tan solo de la condición de lo bello.
Pero hay algo mas, algo que esta mas allá de la belleza promedio, y es aquella belleza que excede el pudor, y que se exhibe a placer, que se juega, que esta al borde de la provocación. A este tipo de belleza, femenina y masculina, pero principalmente femenina, es a lo que he llamado “La belleza Mórbida”.
Esta belleza extrema, incontrolable, hiper aromática, extremadamente eficiente, violentamente certera, y frente a la que difícilmente somos capaces de mantener el control de nuestros instintos, es a la que me refiero.
Una condición de belleza tal, que es capaz transformar en víctima a cualquiera que se le enfrente, que es capaz de doblegar la voluntad de la víctima, y de transformarla en servidor de una causa que es incapaz de controlar.
Monstruo de lo bello: Belleza Mórbida.
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