Mira Papa, una piedra de los años 60!
imagen por Jorge LesmesEstoy aquí pensando en que escribir, y quiero concentrarme en algo que no se deja atrapar, sin embargo no puedo dejar de ver ese pequeño objeto que encontré de casualidad hace un par de días.
En verdad estoy sorprendido de cómo las emociones conservan toda su carga y su fuerza, sin importar cuanto tiempo haya transcurrido.
Cada vez que lo miro, o que lo tomo, se dibuja un recorrido de emociones que tiende un puente extremadamente sólido hacia un pasado que persiste, como si fuera parte de mi cuerpo.
Muchas veces no somos concientes del poder de los pequeños hechos que van construyendo nuestra memoria, pero cuando ella es requerida, conciente o inconscientemente, se nos muestra sólida y palpable como si el tiempo cruzara una deformación cósmica y estuviéramos en aquel lugar que se construye poco a poco con detalles.
Creo que en otras ocasiones me he referido a esto desde otra perspectiva, pero esa no es una razón invalidante. Mas bien, solo confirma la idea de que donde dos o mas personas se reúnen en torno a un recuerdo, algo de ese recuerdo se transforma en realidad. (Donde dos o mas personas se reúnan en mi nombre, ahí estaré yo. –Jesús el Cristo)
Ya se que eso es mucho pedirle a un recuerdo, pero la fuerza de su presencia es tal, que pareciera que se le puede pedir mucho mas, y siempre podría otorgarnos una nueva satisfacción.
Es como el aire, que esta presente en todo lugar, y sin embargo solo somos concientes de nuestra respiración, y hace falta que se nos arremoline, o se nos huracane para que se transforme en una experiencia colectiva.
Los recuerdos también se huracanan, también se vuelven colectivos algunas veces, las menos claro esta.
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