A(tajo)bierto

Los hombres son mineros.
Seguramente mas de alguien va a discrepar, en buena hora.
A la entrada de la mina, los viejos del turno de la noche fuman su ultimo cigarrillo.
Uno a uno van entrando en ese mundo subterráneo, hablando fuerte y riendo de manera franca. La mina es la amiga, la novia, y la tumba. Se la respeta y se la fuerza a darnos todo lo que esconde. Se lo vamos sacando con persuasión y con picota, todo es interno y húmedo.
Allá a lo lejos, el tesoro que ocultas, y que solo revelas a los que perseveran. La frente de la mina, la beta preciosa, cuajada de colores, abierta y disponible, donde serás violada por los rudos mancebos que solo darán las gracias por el turno recibido. Ellos esperaran sin apuro la tronadura, que destroza y bendice sus manos duras e inocentes, con el premio que les das a los amantes fuertes que se adentran en ti hasta hacerte saltar el cuarzo, los óxidos y las piritas distractoras.
Como eres de bendita mina-mujer por los arietes machos que socavan su libertad al adentrarse en ti para toda la vida.
Celosa y traicionera, te derrumbas sobre los inocentes, y los llevas al fondo irreductible de la noche enterrada y profunda que tu guardas. No escuchaste los llantos ni llamadas, no sucumbes a ritos ni oraciones. Solo esperas, paciente, a que se marchen y regresen, a llevarse de ti lo mas guardado.
En la faz del desierto, recostada como una adolescente, expectante y curiosa, revolcada como puta madura, estas cobriza majestad de los mineros.
Abierta y deslumbrante, generosa herida al viento, con el vientre devuelto a las estrellas, jadeando entre camiones, y las luces de todos los carnavales paganos de la Pampa.
Te acarician y muelen los peñascos que pródiga repartes a todos cuantos tocas. Sin vergüenza te das al sindicato, y al pueblo que amamantas. Eres madre y querida, eres mas que ilusión, eres toda y el mal junto.










