lunes, septiembre 26, 2005

Parque San Eugenio

Para la Red Fantasmal


Era el año 1969, en Chile los hippies tenían invadido el país con su música psicodélica y las drogas expansoras de la conciencia, las luchas políticas estaban en su apogeo, y yo tenia mis ojos abiertos al mundo como si de ello dependiera algo grande.

Es el día de mi cumpleaños numero 15.
Mi familia sentada a la mesa durante un almuerzo como en un día más del calendario, y yo sintiéndome especial, como si hubiera traspasado un portal y algo se gestara dentro de mí.
Pero al parecer lo pienso solo yo.
Para los demás no hay nada nuevo bajo el sol, o eso quieren que parezca, sólo otro cumpleaños. Se retiran los platos, se sirve el postre.
Mi padre sentado en la cabecera de la mesa, acerca un cenicero y prende un cigarrillo, con un pequeño encendedor metálico que no le conocía.
Le da una fumada profunda y me mira súper serio, hay algo inusual en esa mirada, una especie de calma antes de la tormenta que me aterra. Sus ojos pequeños parecen escudriñarme mientras limpia su bigote pulcramente recortado.
El humo de cigarrillo asciende lentamente haciendo mil piruetas en el aire que se podría cortar con cuchillo si fuera necesario.
Hay un silencio sepulcral a estas alturas de la sobremesa, no vuela ni una mosca. Yo más nervioso que la cresta los miro a todos sin saber si había dejado alguna cagada sin haberme enterado o era otra cosa igualmente grave.
Mi viejo finalmente rompe el silencio y me dice con voz pausada – Mi’jito, hoy usted a cumplido 15 años- Silencio profundo. Yo no entiendo nada, y el prosigue-A esta misma edad, mi padre me hizo un regalo, me comenzó a considerar un hombre- Uffff!-, respire yo, no hice nada malo, y continúo -Así que yo lo voy a considerar igual, me dijo, un hombre…. el nuevo hombre de la casa- y acto seguido, metió la mano en un bolsillo de su chaqueta y saco una cajetilla de cigarrillos que dejo frente a mi sobre la mesa, al mismo tiempo que yo comenzaba a ponerme algo colorado, luego rojo, y finalmente morado.
Mierda pensé, cómo salgo de esta. Todos los ojos de mi familia estaban puestos sobre mí. De pie a mi lado, mi papá me alargaba la mano con un cigarrillo, mientras en la otra sostenía el encendedor prendiéndose…..
Mi corazón, resuena como un tren, tum, tum, tum!…
Tengo un bache en mi memoria porque no recuerdo cómo fue que prendí el cigarro y le di la primera fumada, ni al segunda. Sólo recuerdo que sentía mi cara palpitar más que mi corazón y que el humo entraba a mis ojos, a pesar de que yo fumaba a escondidas hacia más de un año.
Mis hermanas saltaron reclamando que ellas que eran mayores que yo no tenían permiso para fumar en la mesa y bla bla bla.
Con ese detalle, caí en la cuenta que mi papá me estaba otorgando un privilegio increíble.
Una especie de privilegio de hombres grande.
Entonces creo que comencé a recobrar la calma, mientras mis hermanas y mi mama se paraban de la mesa y nos dejaban a mi papa y a mí fumando.

Cuando vino Rossana a buscarme como a las 6 de la tarde, yo era un hombre nuevo.
Esa tarde nos pegamos un atraque de aquellos, yo terminé mojado y ella jadeando a mi lado sobre la alfombra en el suelo. Ninguno de los dos se atrevía a hacerlo en la casa, así que llegábamos hasta ahí por el momento.
Al otro día, Rossana se fue de week-end con una amiga a Maitencillo.
El lunes, cuando la vi nuevamente estaba cambiada, distante y fría. Yo sentí que algo andaba mal, y ella me miraba sin decir palabra. En la radio sonaba “La Rueca, Blood sweat and tears”. Finalmente me miró fijamente y me dijo – Ya no me gustas más-
Fue como sentir un tirón, que me jalaba fuertemente hacia abajo, hacia un infierno de dolor y perdida, sin explicación alguna.
Y eso fue todo, se fue y nunca más tuvimos nada.

Yo comencé a vagar por las tardes sintiéndome el tipo más abandonado del mundo.
A los 15 el corazón se rompe y no se puede recomponer fácilmente, o al menos eso pensaba.
No sé cuanto tiempo después, y ya bien avanzado el invierno, una tarde conocí a Mónica.
Yo estaba sentado en el columpio del parque, fumando y dejándome mecer suavemente, cuando ella llegó no sé de donde y se sentó en el columpio de al lado y comenzó a balancearse.
Estaba helado, y el cigarrillo me calentaba las manos, el frió me ponía los cachetes colorados. Ella en cambio era maravillosamente pálida y estaba como pensativa, o al menos eso pensé yo.
Con un jumper escocés, calcetas rojas hasta la rodilla, y un montgomery azul.
Verla y olvidar mi corazón destrozado fueron una sola cosa.
Que lindura!!!! que rica que estaba, era…..era perfecta!
Tenía unos enormes ojos verdes como de animal acorralado, brillantes y vivos, tez morena y un pelo largo y ensortijado color azabache…. La puta madre! Como tannnn riiicaa!!!. Cagué, me dije pa’ mis adentros, esta mina no me va a pescar ni pal gueveo. Pero igual le voy a hacer empeño. Y le metí conversa ahí mismo.
Hablamos un poco de todo, pero de nada en profundidad, de música, de la playa, de su mama que había muerto cuando ella tenía 4, y no recuerdo que más.
Se nos paso la hora volando, o por lo menos a mí.
Me pidió que la dejara en la esquina de Bustamante con Irarrázabal, porque no quería que su hermano grande nos viera juntos, porque la retaba y tenía miedo de que me fuera a pegar, porque era violento y celoso con ella, así que ok. Nos dimos un beso en la mejilla y nos quedamos de ver al otro día ahí mismo.
Llegué a mi casa como un zombi. Me senté a escuchar mi programa de radio favorito “Alto voltaje”, y pensé en ella hasta que me llamaron a comer.
Al día siguiente nos encontramos como a las 5 de la tarde. Oscurece temprano en esta época del año. Había un lindo arrebol rojo-dorado sobre el cielo de Santiago, y hacía mucho frió, salía vapor de nuestras bocas al hablar y eso nos causaba gracia. Soplamos en todas direcciones para ver hacia dónde salía más vapor, mientras reíamos de la forma que yo tenía de estirar la boca y de lo pálida que ella se ponía al soplar.
Caminamos por el parquecillo que hay en Av. Matta hasta casi llegar a San Diego, y regresamos. Con el frió le brillaban los ojos como a los gatos, verde intenso.
De pronto ella resbaló en un charco de barro y yo alcancé a tomarla de la mano. Se la apreté fuerte, y ella devolvió el apretón instantáneamente. Ninguno de los dos dijo nada, sólo seguimos caminando hacia Vicuña Mackenna.
Durante el fin de semana no nos vimos, pero el lunes nos encontramos como habíamos acordado en la esquina de Vicuña con Irarrázabal. Esta vez nos tomamos de las manos al iniciar nuestro paseo. Caía una suave llovizna. Teníamos el pelo lleno de pequeñas gotas de agua, y nuestras cabezas centellaban con las luces de los autos. Caminamos como siempre, conversando alegremente, tonterías sin sentido, y nos reímos como locos.
Cuando regresábamos ella quiso despedirse como siempre en la esquina, pero yo insistí en acompañarla por el parque.
Rodeamos la Pileta con sus altos Pinos podados como muro y nos detuvimos. Esta era la mitad del parque, y ya estaba casi oscuro. La llovizna había hecho lo suyo en nuestras caras, que estaban mojadas y frías. Ella me dijo entonces que se tenía que ir, y yo, le apreté la mano, la atraje hacia mi, y le robé un beso lleno de agua fresca de sus labios pálidos y hermosos. Ella se asustó...! abrió sus ojos enormes mirando en todas direcciones, y me soltó la mano casi con pánico, y dijo – Mi papá!!…-
Se volteó y corrió cruzando el parque como una loca en dirección a él. En la esquina de Grecia con Bustamante, un señor de traje oscuro miraba hacia el parque. Cuando ella cruzo la calle, él giró y desapareció dando vuelta a la esquina. Igual cosa ocurrió con ella cuando llego allí, giró y desapareció.
Yo salí corriendo hacia la esquina para ver en que casa entraba, llegué a la esquina, giré alrededor de la vieja casona hacia la Av. Grecia, pero no vi nada, solo una larga pandereta que recorría casi toda cuadra y luego, más allá, nada, la calle vacía que cruzaba.
Yo sentía en mis labios los labios de ella.
Un inolvidable beso robado, mojado, y frió como las despedidas.
Desde algún departamento salía la voz de Elvis que cantaba:

Are you lonesome tonight?
Do you miss me tonight?
Are you sorry we drifted apart?

domingo, septiembre 25, 2005

Isabel Croxatto, la danza desde el alma

Con este post sobre la notable coreógrafa y bailarina Isabel Croxatto, doy por inaugurado el blog Arte o Muerte, que tratara temas relacionados con el arte

miércoles, septiembre 21, 2005

Volar


Volar, el gran sueño del hombre, volar como pájaro….
Volar por tus propios medios, o de forma asistida.
Volar y dejarse volar.
Hay leyes aerodinámicas que permiten que algo mas pesado que el aire se eleve, es mágico.
Un Jumbo pesa mas que una casa y sin embargo se desplaza por el mundo desmembrando su preñez por doquier, permitiéndonos entrar a el en Español, y salir de el en Ruso o Chino Mandarin.
Conocer el mundo debe implicar cosas misteriosas, que no debieran ser del dominio publico, porque la enorme cantidad de obstáculos que involucra el hacerlo, es tal, que solo se entendería porque algo no debe ser compartido por todos.
Para mi volar es como estar en proceso de enamoramiento, es decir, todo es excitante, y no quiero parar de hacerlo. Quiero siempre mas.
Volar es viajar, es igual incluso en sentido metafísico, el viaje astral es volando. Al menos yo no tengo registrado ningún viaje astral reptando, haciendo punta y codo, o a nado.
Por lo general son desplazamientos fluidos, como volar.
Ver desde el aire, ascender, descender. Tener la visión de total.
Valla maravilla.
Es curioso lo que ocurre cuando volamos, pareciera que hay ciertos problemas que son terrenos, porque en la medida que nos elevamos, y vemos el paisaje desde lo alto, nos vamos desprendiendo de ellos, y comenzamos misteriosos procesos de síntesis aérea.
Arriba no existe ir al súper, o la micro llena y apestosa, no existe la gauchada, ni la piedra en el zapato.
Volar es proyectarse a un destino lejano, ahora alcanzable.
Es tomarnos un pedacito de capacidad proyectiva y morderla hasta que sangre.
Quizá por eso los vampiros vuelan.

lunes, septiembre 12, 2005

El efecto periscopio


La gracia de los submarinos es que aun estando sumergidos, son capaces de ver lo que esta ocurriendo en la superficie.
Amparados en un par de fenómenos ópticos de reflexión de la luz sobre prismas, se puede ver desde el fondo de algo, la superficie de eso mismo.
Otra modalidad es la del sonar, una clase de pulso sonoro, cuyo rebote es leído para determinar las variaciones en la onda e inferir conclusiones de ello, una especie de palpito, pero con base científica.

Partir definiendo cosas, para tener un modelo, en base al cual puedo hacer las preguntas y/o reflexiones es una de las formas en que he estado abordando algunos temas en los post anteriores, y no será esta la oportunidad de cambiar.
A mi me preocupan los seres humanos, mas que sus maquinas, así que todo el asunto del submarino, los periscopios y los sonares, me sirven para entender conductas humanas, y como diría algún psicólogo Gestaltico, para hablar de mi mismo.
Y al igual que el filosofo francés Louis Althuser afirma: “Puesto que no hay discurso inocente, declaremos de que discurso somos culpables”
Yo declaro vivir en la falla, en una permanente crisis y movimiento interno hacia las metas que me voy trazando en la vida. Y por cierto que fallo, y acierto, pero mas que nada fallo. Mis momentos de certeza son los menos, no obstante que trato de seguir las reglas. Pero curiosamente el seguir reglas no esta relacionado directamente con tener éxito, o con la certeza, mas bien esta directamente relacionado con no causar(se) muchos problemas durante la consecución de algo, con estar dentro de la norma. Por lo general los grandes éxitos tienen mas que ver con las vías personales, que con seguir todos los pasos que se han definido como promedio para alcanzar una meta.
Yo creo que todo lo que esta echo, es lo que no hay que hacer, aunque claro, primero debemos saber que es todo lo que esta echo, para no repetirlo, y hacer otra cosa.
Esto porque fui educado para ser un artista, como un creador-encontrador de soluciones, a partir del conocimiento, y con esto otorgarle una intencionalidad, y una dirección a lo echo. Otra cosa que aprendí es que las reglas fueron echas para ser rotas.
La gran pregunta para mi es, cuando se deben seguir las reglas, o a que es conveniente aplicarlas y a que no, o cuando es conveniente romperlas. Y lo que he podido aprender, es que todo lo que tiene que ver con la convivencia, con los roles sociales, es mas simple siguiendo las reglas, o adaptándolas según convenga. Y que todo lo que tiene que ver con la creación, se da mejor, cuando las reglas las inventamos a propósito de las necesidades que se producen durante el transcurso de la creación.
Perogrulladas, es cierto, pero es finalmente mi versión de la norma. La versión que me mantiene vivo y activo, en un entorno que soy capaz de comprender y navegar.

Es aquí donde entra el submarino. Yo debo mirar primero desde adentro hacia fuera, y así ver donde y como estoy, para evaluar si he alcanzado mis metas. Si veo que no las he logrado, entonces miro desde afuera hacia adentro, para ver donde debo hacer las modificaciones.
Claro esta que no siempre las hago a tiempo, porque muchas veces la mirada interior es consecuencia de insatisfacciones, o de imposturas, y no de un proceso integral, permanente en todas las áreas de mi vida.
Por lo menos a mi me sucede que debo luchar contra la inercia.
El inmovilismo es el principal enemigo al que me enfrento. Romper la inercia es lo mas difícil para cambiar el rumbo.
Lo reitero, yo vivo en la falla, en la zona de conflicto, donde se produce el movimiento.
Estoy en permanente construcción, llevando y trayendo, dando y recibiendo.
Y lo que logro ver a veces desde el interior es menos grato de lo que quisiera.
El difícil camino hacia la felicidad es mas difícil de lo que esperaba, pero aquellos breves momentos en que todo calza, bien valen la pena.
No creo que navegue a ciegas, solo que es difícil interpretar las señales del sonar intuitivo, y del periscopio cotidiano.

viernes, septiembre 02, 2005

La musica


Suena la música y algo ocurre, en nosotros re-suena un enjambre de sentimientos.
Nuestra memoria emotiva se desborda, enviando señales en todas direcciones. Se nos vienen encima las imágenes, los olores, y las sensaciones olvidadas y nos dejan revolcados como después de haber pasado una estampida.
Se reproduce como en una proyección de cine en nuestra mente. El evento que en la memoria esta asociado a la melodía, o al ritmo, desencadena todas sus resonancias, y lo revivimos con increíble nitidez, en todos y cada uno de sus detalle.
El recuerdo regresa a sacudirnos con todas las emociones frescas, como si el tiempo no existiera.
Basta cambiar de pista sonora para que la combinación de señales nos entregue otra vivencia completamente diferente.
Así almacenados, tanto imagen como sonido terminan transformándose en paradigmas de la memoria.
De igual forma, el recuerdo de una melodía se vuelve tan parte de nuestra existencia que casi no podemos imaginar la vida sin ella. Pero cuantas veces mas recordaremos esta melodía en lo que nos queda de vida, 15, 20 veces, quien sabe, lo que si, con seguridad, la cantidad de veces no importa puesto que parece ser infinita, aunque no es verdad. Todo en nuestras vidas se da solo una cantidad limitada de veces, y no tenemos conciencia de que esto sea así. Como las veces que amaremos y seremos amados, o que tomaremos sopa a la luz de las velas.
Ocurrirá solo algunas pocas veces mas en toda nuestra vida; pero actuamos sin tener conciencia de esto que es tan importante.
Nada asegura que las experiencias serán permanentes en el tiempo.
Mientras esto pasa por mi mente veo llover por la ventana, donde los mil dedos de la lluvia golpean el cristal, llamándome hacia fuera, donde podria dejar que el agua corra por mis mejillas sin pudor, una vez mas.
Suena la música , esa que amo cuando el día esta así, todo es perfecto, incluso esa pena que no alcanzo a prever, y que me invade, mientras veo como el agua azota suavemente mi ventana.
La musica evoca.
Esta melodía me recuerda tu silueta, recortada contra el blanco de la nieve, y mi nariz fría; esta otra aquella borrachera con aquellos amigos que no veo desde hace tanto; o esta otra, el camión que me lleva por la selva, mientras pienso en lo lejos que estas.
Y por supuesto están aquellas experiencias que solo atañen a la música. A aquellas piezas sublimes que me inundan el corazón de gozo, y llenan mis ojos de liquido salado, que aprietan mi garganta sin dejarme respirar cuando siento que estoy en presencia de la perfección, de la belleza pura y concreta.
La música nos mueve, nos relaja, nos transporta, nos eleva y nos deja caer. Es como si al sonar, todas sus vibraciónes nos sacudieran las entrañas, conectándonos a los sentimientos mas complejos sin intermediación de nada.
Tarareamos, cantamos a voz en cuello, susurramos, o nos dejamos invadir con el mas profundo de los silencios.
Para mi, la música es mas que un placer, mas que compañía, es una amante desinteresada, que ni siquiera exige especial atención, pero que cuando se la brindamos, es capaz de transportarnos, de llenar nuestro mundo de magia.
Con la música queremos correr, bailar, mecernos, o estar mas quietos que un silencio.
A la música la tratamos como algo normal, como si fuera casual, o como algo especial. Pero la verdad, es que a lo menos para mi, la música es un milagro.

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